If I were a boy

•16 septiembre, 2017 • Dejar un comentario

Varias veces he bromeado sobre cómo sería si yo fuera hombre.

Sería alto, atlético y atractivo. Inteligente, seguro y probablemente más de una niña moriría por andar conmigo porque sería divertido y encantador.  Hoy me puse a reflexionar esto con más profundidad porque hace unos días hallaron el cadáver de una muchacha a la que asesinaron sólo por el hecho de ser mujer.

Seguramente, si fuera hombre no tendría que cuidarme de con quién salgo ni a qué hora lo hago, los lugares que frecuento. Probablemente no me preocuparía la ropa que uso ni cómo me maquillo. No importaría mucho si tengo buen cuerpo ni si decido mostrarlo con orgullo. Tampoco tendría que cuidarme si se me pasan las copas durante las fiestas ni pedirle a mis amigos que me cuiden para que nadie se sobrepase si estoy muy borracha.

Nadie me llamaría puta por andar con alguien ni me diría machorra cada que respondo con enojo a los piropos de banqueta. No tendría que fingir ser lesbiana para evitar que alguien que no me interesa se me insinúe en las reuniones ni dar explicaciones a nadie: “¿Qué hacías ahí?” “¿Con quién vas?” “¿A qué hora llegas?” “Con esa ropa no sales” “Si ya sabes a lo que vas ¿de qué te quejas?” “Tú querías que esto pasara”.

Lo cierto es que no, yo no me quiero morir. No quiero que me violen. No quiero que me desaparezcan y nunca me encuentren. No quiero tener que cuidarme sólo por haber nacido con vagina. No quiero enterarme que alguna de mis amigas no llegó a su casa y la encontraron tirada y destripada en un barranco al otro lado de la ciudad. No quiero que digan que eran “fáciles”, “borrachas”, “pasea perros”, “busconas”; no quiero leer comentarios de la gente diciendo: “Ya saben que así es en este país, ¿para qué salen solas? se les hace fácil pensar que nunca les va a pasar” pero es que sí: yo no quiero pensar que me va a pasar a mí porque no tendría que pasar.

¿Por qué mi mamá vive con miedo cada vez que salgo? ¿por qué se nos enseña a avergonzarnos, a cuidarnos de lo que somos: mujeres? ¿Por qué se nos hace chistoso cuando los hombres hostigan a la mujer y la culpan de provocar a los hombres, ¿por qué el hashtag “legalicen a las de 16” es trending topic cuando, a la vuelta de la esquina, a una niña la atraviesan por la mitad con un palo?

Estoy muy triste por lo que está pasando, porque antes veía lejano a las muertas de Juárez, pensaba: “esto no me puede pasar a mí”. Ellas eran otras mujeres, yo estaba en un mundo aparte, intocable, pero no. Yo soy ellas, en cualquier momento me puede pasar a mí y no va a ser mi culpa.

Yo no voy a provocar mi muerte.

Si me matan es porque la naturaleza decidió que tuviera dos cromosomas X y no XY. Fui condenada desde que nací a vivir con miedo, a ser débil y vulnerable en un país sin leyes ni justicia pero, sobre todo, en un país sin educación. En dónde se les enseña a los niños desde chiquitos a ser “machitos” y a demostrar su hombría de formas retorcidas.

¿Hasta cuándo podré ser libre del miedo que se respira por la impunidad que abunda? ¿Cuando volveré a sentirme orgullosa de mi sexo en lugar de estar temerosa todo el tiempo? Qué orgullo ser mujer, qué peligro también.

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Sempere

•11 septiembre, 2017 • Dejar un comentario

¿Sabes qué es lo mejor de los corazones rotos?

Pienso en ti.
Escribo esto y pienso en ti ¿qué irónico, no?
“Siempre he creído que lo mejor que puede hacer uno cuando extraña es escribir”.
Transitar las calles en donde no está tu recuerdo y mirarte sonriente al otro lado de la acera, saludando con tu brazo lánguido y tu sonrisa de ortodoncia fallida y me imagino devolviendo el gesto con desgano cuando por dentro me abrasa la emoción de saberte presente, en un mundo aparte donde somos cercanos y aún podemos decirnos secretos al oído, a oscuras y sin ropa de por medio. Te toco y me tocas y somos uno hasta que el sol aparece por tu ventana microscópica.

Pasan 7 estaciones y te recuerdo, miro tu carro aparcado a la salida del subterráneo esperando mi llegada. En el estéreo suena Jake Bugg, yo no digo nada y sólo me introduzco por la puerta del copiloto y te dirijo una mirada melancólica. Quizá un “hola” desganado y nada más. No hay un beso, no hay reproches, no hay nada… nada. Pasan siete estaciones, ocho, nueve… no me levanto del asiento y miro pasar por la ventana miles de caras que no me importan y me bajo en la estación central en donde es poco probable volver a verte y me encuentro con alguien más y me junto a hacer lo que probablemente jamás haría contigo y de cierta forma logro ser feliz a pesar de tenerte clavado en el recuerdo del “hubiera”, enterrado entre el pretérito y el deseo irrealizable.

Camino y veo El juego del Ángel en la mano de alguien más y me pregunto de qué forma su hermenéutica hizo magia entre los dos para significar lo mismo, de qué manera su historia es la tuya y se me antoja leerla hasta encontrar tu cara ya marchita en la de algún personaje un poco más amigable, más humano, menos tú. Quisiera fundirme y sentirme parte de ella, ser ella, ser Corelli ofreciéndote la vida eterna a cambio de unas cuantas palabras que hablen de todo y hablen, a la vez, sólo de mí.

Quisiera construir un mundo nuevo en donde ni calles, ni libros, ni canciones me conduzcan a un callejón sin salida, a tu laberinto de humo de cigarro y libreros bajos pero supongo que no puedo quitarle a las cosas su historia y, supongo, que éstas no existirían sin ti.

¿Sabes qué es lo mejor de los corazones rotos?
Que sólo pueden romperse una vez.

Fuiste un rasguño.

 

Please, send flowers

•23 agosto, 2017 • Dejar un comentario

¿Qué se sentirá ser sonámbulo?

Recorro lo mismos lugares dormida, inmersa en mis propios pensamientos y pocas veces me detengo a ver a mi alrededor. Paso de largo miles de caras que veo a diario ¿cuántas de ellas habré “visto” más de una vez? ¿cuántas de ellas pueden ya reconocerme sin que yo recuerde ni uno solo de sus rasgos? transito sin interés este momento, con los ojos abiertos pero la mente en otro lado, el pensamiento oculto en su propio cuarto de pánico al que se me niega la entrada ¿qué hay ahí? ¿qué deseos aún no descubro? disocio y olvido todo. De nuevo, una historia comienza.

Antes podía pasar horas llenando el panorama de niebla espesa, una oscuridad que consumía todo y me llenaba de sonrisas rotas y noches blancas, manchadas por dolores inflingidos, mañanas nuevas, sentimientos vacíos; y me permitía consumirme en esa incertidumbre de no saber quién soy, dónde estoy o hacia dónde me dirijo. Pero durante días ese sentimiento se fue aligerando, poco a poco empecé a sentirme menos triste, sin esas ganas de llorar simplemente por el hecho de que la cajera del Soriana me preguntara si quería una recarga telefónica o sentir que nadie en este mundo hablaba mi idioma.

No estoy feliz, excepto por esos ratos en que alguien hace una broma inteligente o se tropiezan y hace alguna marometa de forma cómica. Pero no lloro, ya no siento esa tristeza que se apoderaba de gran parte de mi personalidad y me impedía querer hacer cosas que antes disfrutaba. Creo que incluso extraño un poco la sensación de la almohada mojada pegándose en mi mejilla, despertar con los ojos hinchados. A veces por puro masoquismo invoco el llanto como un arrullo pero no viene, y mis instrumentos de tortura se llenan de polvo en el transcurrir de las semanas por la falta de uso.

¿Por qué los guardo cerca de mí si ya no los ocupo? quizá tengo miedo de que el monstruo que habita en mí despierte de nuevo, a lo mejor tengo la esperanza de volver a ser ese ser gris e insignificante que se sanaba abriéndose la piel a oscuras. A lo mejor son un recordatorio del mal tiempo…

¿Esa parte de mí se murió?

Por favor, envíale flores.

 

Espacios liminales

•10 agosto, 2017 • Dejar un comentario

En la mañana, mientras desayunaba, vi un post en Tumblr que enlistaba los lugares en los que parece que la realidad se altera, algunos de ellos eran:

Parques durante la noche.
Salas de espera en hospitales.
Galerías de museo vacías, excepto por ti.
Estaciones de tren.
Escuelas durante vacaciones.
Faros cuya luz no funciona.
McDonnals durante viajes de carretera.

Alguien se tomó la molestia de explicar por qué sucedía este fenómeno y dijo que se llamaban “espacios liminales”, así que me puse a investigar un poco sobre esto. Resulta que son lugares de “quiebre” por así decirlo. Es el espacio-tiempo entre el antes y el después, en donde parece que el tiempo se detiene y se frena lo que era para dar paso a lo siguiente pero se sienten extraños porque no sabes qué sucederá después.

En este caso me puse a pensar específicamente el la sala de espera del hospital, es cierto, cuando entras al hospital llegas siendo una persona pero estando ahí lo que eras puede cambiar y no sabes exactamente de qué forma estar ahí te transformará. Puede que recibas buenas o malas noticias y es esa sensación de incertidumbre lo que vuelve a ese espacio “liminal”.

Richard Rohr, teólogo, los describió como lugares “Donde estamos entre lo familiar y lo completamente desconocido. Nuestro viejo mundo quedó atrás, mientras que todavía no estamos seguros de la nueva existencia. Es un buen espacio donde la novedad genuina puede comenzar. Llegas allí a menudo y permaneces el mayor tiempo posible por cualquier medio posible… Este es el espacio sagrado donde el mundo antiguo es capaz de desmoronarse, y un mundo más grande se revela. Si no encontramos el espacio liminal en nuestras vidas, comenzamos a idealizar la normalidad. El umbral es la sala de espera de Dios. Aquí se nos enseña apertura y paciencia cuando llegamos a esperar una cita con el Doctor divino.”

“Si no encontramos el espacio liminal en nuestras vidas, comenzamos a idealizar la normalidad” ¿Recuerdan a Walter Mitty, ese hombre sumergido en la cotidianidad al grado de soñar despierto? eso es lo que sucede cuando tratamos de contener el cambio pero el cambio no se puede contener, es algo que acontece tarde o temprano en la vida de las personas. Estamos condenados a sufrir transformaciones constantes que modifican por completo nuestro cosmos.

Si no avanzamos más allá del espacio liminal se desperdicia el potencial que éste tiene en nuestras vidas. Si somos honestos, muy pocos somos conscientes de quién o qué queremos ser o hacer y por eso nos resguardamos en la “liminalidad”, para protegernos de “la terrible nube de lo desconocido”, lo que deparará el futuro. Sin embargo, esto sólo nos conducirá al aburrimiento y la rutina y probablemente nos frene de vivir nuevas experiencias.

En cambio, si nos acercamos intencionadamente a nuestros espacios liminales, en lugar de paralizarnos, huir o ir solos, podemos abordarlos con audacia y avanzar con confianza hacia nuestro futuro. Es lo que finalmente hace Walter Mitty: terminó sus ensoñaciones porque se atrevió a vivir. No por decisión propia sino porque su vida dio un giro drástico y se vio obligado a afrontar la realidad de un modo diferente y, cuando se atrevió a cruzar el puente de lo desconocido, adquirió experiencias y vivencias que cambiaron su mundo y la forma en que lo percibía.

Todos somos, de alguna forma, Walter Mitty esperando suceder. ¿En qué espacio liminal comienza esta parte de tu vida?

Space Oddity

•1 agosto, 2017 • Dejar un comentario

Imaginen esta posibilidad:

A no muchos años luz de distancia de la Tierra, cosmonautas descubren un planeta en donde existe vida. No la posibilidad de vida: vida. ¿Cómo? no se sabe pero hay pequeños microorganismos interactuando y moviéndose en la superficie.
Los científicos terrícolas, entonces, deciden observar el desarrollo de esa vida.

**Aquí planteo una posibilidad abierta ¿interfieren en el desarrollo de vida o dejan que la naturaleza siga su curso? ¿Cuál sería la decisión éticamente correcta?**

Suponiendo que se decide sólo ser testigos, al menos inicialmente, en la evolución de la nueva forma de vida.

Años pasan, generaciones nacen y mueren constantemente, la Tierra comienza a mostrar deterioro por el maltrato sufrido en años. Las políticas medioambientales ya no buscan prevenir, mucho menos revertir la huella humana, más bien pretenden preservar lo poco que queda. Catástrofes ocurren, hay guerras, sequías, éxodos y genocidios masivos, por lo que la población se reduce drásticamente a la mitad. Seguimos observando a lo lejos ese pequeño planeta que, como un un botón de rosa, a penas comienza a abrirse…
Un día todo se detiene. No hay humanos en la Tierra que observen más el universo. ¿Por qué? Porque toda forma de vida perece en algún punto y la humanidad, al haber alcanzado la cúspide de su existencia, poco a poco comenzó a menguar.
Allá en la distancia la vida sigue su curso y las especies evolucionan lentamente durante millones de años hasta que en la cadena evolutiva aparece Lucy, el eslabón perdido, y se reinicia nuevamente la historia humana.

Ahora imaginemos esto en un loop infinito, repitiéndose una y otra vez.

La Historia (con mayúscula) ya está contada, a lo mejor esto ya pasó.

Cacle, Cacle

•30 julio, 2017 • Dejar un comentario
– El perro detecta actividad paranormal.

– ¿Cómo dices?- Pregunté extrañado por la absurdidad de la oración y la extraña selección de palabras.

– ¿Crees en fantasmas?

– No, la verdad no. – Respondí mientras la veía liberar a al perro de su opresora correa.

– ¿Y en extraterrestres?

– ¿De qué hablas? ¿Qué tiene que ver eso con el perro?

– Creo que el perro ve algo que yo no.- Dijo poniendo cara de circunstancia.

– ¿“Algo” como qué?

– No lo sé. Sólo sé que, desde hace unos días, evita acercarse a una parte del patio a la que antes acudíamos sin problema.- Se dejó caer en el sillón junto a mí-  Ahora cada que me acerco a ese lugar comienza a retroceder con miedo, como si quisiera huir de algo.- prosiguió – Yo miro y miro y no veo nada raro pero él huye, me mira con sus ojitos como suplicando: “¡Por favor, ahí no!”- Miró al perrito que se había echado entre ambos y ahora dormía y le acarició la cabeza.

– Qué raro, a lo mejor le pasó algo ahí alguna vez que lo sacaste, habrá sido un ratón o un bicho lo que lo asustó.

– No creo, el perro ve algo que yo no.

– Estás loca.

– Puede ser pero ¿sabes? siento su miedo, me lo transmite. Yo también evito acercarme a ese rincón del patio, no quiero saber lo que hay ahí. Las únicas veces que lo intento es cuando saco al perro, Lo uso como si fuera un detector de espíritus para que me advierta si puedo o no pasar, el día en que avance sin problema sabré que es seguro estar ahí, sino no.

– ¿Tú qué crees que hay ahí?- pregunté con tácita curiosidad, María siempre ha creído en cosas paranormales aunque lo niegue, sé que en el fondo siente debilidad por lo místico y lo oculto.

– Mmmm, no lo sé, a lo mejor una energía negativa.

De pronto, en el pasillo del edificio se oyeron pasos, el perro se levantó de golpe y se le erizó el cuero soltando tremendos ladridos que nos asustaron a ambos.

– Pero mira, al perro lo agita todo, no creo que haya nada muerto ni fuera de este mundo que lo sobresalte más que un vivo, deja de usar al perro como oráculo, por favor ¿Qué vamos a cenar?

Snufkin

•25 julio, 2017 • Dejar un comentario

Quisiera preguntarte de dónde sacaste esa idea de hacer alegorías sobre dragoncitos y liliputiences resbalando por las cobijas, cómo se te ocurrieron esas cosas mágicas que escribiste con tu letra de pulga en las moleskine que tus novias sin imaginación te hicieron el favor de obsequiar.

¿Qué color te gusta más?

Nos echamos al pasto y te camuflajeas con las flores. Eres divino. Te tengo arriba, como el devoto tiene a dios. No cuestiono nada de ti porque no encuentro hueco para dudas en esta fe ciega.

¿A qué huele la funda de tu almohada?

Tu cuarto con olor a madera y libro viejo de biblioteca muerta.

¿Qué las hace especiales a ellas y a mí no?
¿Por qué yo tengo ganas de saberlo todo y tú tan poco?
¿Por qué te conformas con lo que ofrezco a todos?
¿Es suficiente lluvia de oro y perfume a nomeolvides?
Las noches son tuyas, si quieres.
Podríamos dejar de ser tan poca cosa aunque tú ya eres grande sin mí.

Tú no me necesitas…

como yo no necesito la idea de ti, sólo a ti.