Leaps and Bounds

•26 mayo, 2012 • Dejar un comentario

“Necesitas el dolor para vivir
si eres feliz te rompes un poco
te desorientas, no te reconoces
así que buscas una vez más
algo para quejarte
y demostrarte tu verdadera esencia:
la pena.”

— Fragmento, Mada Alderete Vicent

Hoy desperté siendo una persona diferente. Sé muy bien que la metamorfosis no ocurrió de la noche a la mañana como hubiera querido Kafka -aunque si por él fuera también habría despertado con antenas o un par de ojos gigantes-. A mí me costó un poco más de esfuerzo, algo más que sólo soñar que me convertía en mariposa al día siguiente y que sin temor a equivocarme me levantaría con el ala derecha.

Contar cómo llegué hasta aquí, cómo me convertí en lo que antes no era, es una historia que está demás, sobre todo porque no recuerdo los caminos ni las decisiones que tomé para estar en donde estoy, no me acuerdo de muchas promesas que rompí ni de las ilusiones que fueron construidas y después destruidas sin chistar.

Pero me acuerdo perfecto de otras cosas, como las cosas que no hice, las palabras que no dije, los enojos que reprimí por miedo a ser juzgada, las lágrimas que no lloré por temor a ser débil, el amor que no entregué por terror a lastimarme, las personas que dejé escapar por orgullo, las personas que conservé a mi lado por prejuicio -sí, leí a Jane Austen-, las cartas que se perdieron en el camino, los poemas de Borges, pero lo que más recuerdo son los errores que he cometido.

Recapitulo uno a uno los tropezones que he dado, las cicatrices y moretones que tengo en el alma y no puedo perdonármelos, porque me he dado cuenta que todo el dolor que he sentido, siento y puedo llegar a sentir me lo he causado yo misma sin intervención de nadie, y que si bien es cierto que en mi vida ha habido verdugos crueles, ninguno ha tenido la capacidad necesaria como para herirme en lo profundo, más allá de un raspón que sana a los tres días sin dejar huella.

Ya no me culpo por nada, he aprendido que esas malas decisiones, experiencias desagradables, no trascienden más allá de una pequeña tragedia que ni siquiera tiene la extensión suficiente como para convertirse en un haikú dolorosamente escrito, y que puedo guardarlas en la memoria como fe de erratas si quiero, nada más para tener un referente en el futuro.

Hoy sé que soy una persona más madura, capaz de aceptar responsabilidades sin culpar a otros. Yo decido la fuente de mi felicidad, la duración de mi tristeza, la permanencia del amor, la fugacidad del sufrimiento, pero sobre todo: yo decido el rumbo de mi vida. Hoy ya no soy esa mártir que solía quejarse del mundo, ya no quiero ser la falsa incomprendida, la amante secreta del Ciorán ermitaño, ya no quiero cultivar certezas en el aire, ni ser la inteligente rodeada de ignorantes. Sé que la metamorfosis es más dolorosa de lo que pudo imaginar Kafka, hoy no soy mosca, escarabajo ni mariposa, sólo soy yo tratando de ser yo pero de una forma más consciente. Hoy desperté siendo una persona diferente…

 

Please, (Don’t) go away…

•21 mayo, 2012 • Dejar un comentario

Hay un chavito que dice que sueña con unicornios. Me pregunto con cuáles sueña, con los legítimos o con los que la sociedad les ha dibujado a los niños en los cuentos. Seguramente sueña con caballitos blancos con cuernos y por eso se siente con el derecho de llamarles “unicornios”… yo qué sé.

Ni siquiera sé por qué hablo de él y de su figura mitológica favorita cuando podría estar hablando de ti y de lo mucho que te idolatro y blablabla… sí claro, como si no hubiera nada más allá de ti y de tu aburrida forma de no-ser. En pocas palabras te podría poner un nombre y clasificarte dentro del libro de seres imaginarios de Borges, serías algo así como una quimera; monstruo horrendo que va por ahí engullendo ovejas inocentes,  causas temor a tu paso pero te disfrazas de sueños y promesas, de ilusiones irrealizables que se convierten poco a poco en pesadillas cuando la luz se va.

Te busco forma y no la encuentro, te me haz fragmentado en pedacitos que no corresponden a la descripción del libro. No tienes ni la valentía ni la cabeza de león, vientre de cabra o cola de dragón pero sí que escupes fuego… enciendes llamaradas que no se apagan, que lastiman.

Y aquí estoy yo, enfrentándote como si fuera Belerofonte, tratando de hacerte real cuando sé que contigo todas las batallas están perdidas y que ya no vale la pena intentarlo, que quizá sería más sensato huir de ti y jugarme la vida con la esfinge, que a tu lado parece inofensiva.

Te ahuyento todas las noches, bajo la promesa de no invocarte entre sueños pero con la desesperanza de verte al cerrar lo ojos. Mientras, en susurros, tergiverso melodías y repito esa canción lacerante y armoniosa para que te vayas, a sabiendas que, lejos de irte, preferirás quedarte abrazado a mi consuelo y dejarás que dibuje tu cara en El libro de los seres imaginarios, para que nunca se me olvide que eres ilusión, sueño, monstruo y pesadilla; todo al mismo tiempo.

NOTA: Como ves, no encontré algo más interesante que hablar de ti y de tu aburrida forma de no-ser.

 

Te voy a decir quién eres

•2 mayo, 2012 • Dejar un comentario

No sé ni por qué te escribo si sé que jamás me lees, lo sé porque raras veces escuchas lo que tengo que decirte cuando estamos juntos, mucho menos te haz de percatar de que siempre me reservo las mejores palabras para ti. Pero eso no importa, al igual que no importa que todo te lo tomes en broma y yo te siga el juego tonteando como siempre.

La verdad es que me gusta que seas así, que vivamos en la informalidad de nunca llegar a tiempo ni comprometernos a cumplir las expectativas del otro, de no hacernos ilusiones con estructuras tan pobres que nunca llegan a destruirse. Me gusta que la gente se confunda cuando nos ven juntos y no sepan si preguntar qué somos o mejor guardarse sus dudas porque nuestras acciones hablan por sí mismas.

Me agrada que tengas la medida exacta, que eres la persona más infeliz que he conocido pero también la que sabe aparentar mejor; también me gusta que yo sea la única que haya aprendido a conocerte sin censuras ni juicios tontos y que a pesar de que no quiero que cambies siempre te doy un consejo para ser mejor cuando me lo pides.

Hueles rico, se me olvidaba ese detalle, pero nunca he sabido si eres tú o es tu ropa, de cualquier forma podría acordarme de cada mínimo instante que he pasado contigo con un poco de tu esencia.

Me gusta cuando nos robamos el aliento mutuamente y nos hacemos nudo en las noches para no soltarnos y soñarnos juntos. Ocurres como mi canción favorita de Bloc Party, esa que aún no te he enseñado porque no he encontrado el sentimiento adecuado para describirte. O tal vez no te la he enseñado porque no he sabido encerrarte en mi burbuja.

No te voy a decir quién eres, porque cuando leas esto y por fin te quieras dar cuenta, dirás: “Aaah sí, es de mí de quién hablabas”… No hay confusión querido lector, sólo hay que aprender a leer entre líneas.

P.D: Cuando sepas quién eres te enseño la canción.

Dialéctica

•18 abril, 2012 • Dejar un comentario

Comencemos con esto porque ya lo quiero terminar…

“Querido lector”, dejemos de jugar a que no sabes quién eres. Si no puedo ser sincera contigo, ¿con quién?. Me he guardado tantas cosas que no he sabido decirte, o que te dije y que por mala táctica opté por usar indirectas. Perdón.

He leído cosas tan complejas, cosas que, con sinceridad, no sé para qué me van a servir, y te juro que ni Hegel es tan complicado como entender esto que está pasando.

¿Quién eres? ¿En quién te haz convertido?… A veces te descubro oculto en mis pensamientos, pero en otras te materializas con descaro, quizá la pregunta es ¿quién quiero que seas?

Me causa incertidumbre el futuro cercano, ya me cansé de imaginar escenarios posibles pero también me da pavor pedir respuestas, ¿por qué? no sé, tal vez porque en el fondo no soy esa persona fuerte que conoces y estoy esperando a que des el primer paso; pero lamentablemente también soy impaciente y te conozco lo suficiente como para saber que no eres de esos que toman la iniciativa…

No sé qué va a pasar, comencé esto porque quería terminarlo, pero con sinceridad, no creo que el fin esté cerca…

P.D: En realidad lo que más miedo me da es que nuestras acciones no correspondan a esas respuestas, porque todo lo que decimos siempre resulta ser contrario a lo que hacemos cuando estamos solos… como una maldita obra de teatro.

Moi la rêveur

•30 marzo, 2012 • 1 comentario

Mon chéri: Je crois que j’ai besoin de toi…
Seulement ce soir ou, peut-être, pour le reste de ma vie.

Mi problema no es contigo, es con esta ansiedad de saberte mío y no tenerte, es esta afición por los versos de Neruda y no podértelos dedicar compulsivamente, es estar atada a tu cuerpo sin que estés a mi lado, es querer asfixiarte en un beso que siempre está guardado, es cantar en silencio tantas notas que hablan de nosotros sin que lo sepamos… mi problema es con esta  necesidad que se confunde con capricho que se niega a ser verdad y se muere de amor en un suspiro.

El problema es el miedo, es la incertidumbre que me provoca perderte, la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, es el deseo pero es algo más que eso, es como darme cuenta que ya no es vida si tú no estás aquí… es despertar y darse cuenta que todo lo vivido sólo fue un sueño.

¿Real o no?

•12 marzo, 2012 • Dejar un comentario

“Tú y yo lo sabemos, lo sentimos, lo deseamos; y eso ya es historia aunque nunca ocurra.”

— Brontis Jodorowski

Como no te lo puedo decir, lo escribo. Por eso tantos silencios, por eso tantas caricias. A veces me asusta no saber las respuestas, pero otras veces me asusta más encontrarlas porque eso significaría el triunfo absoluto o el total fracaso de este cuento que se basa en ilusiones de mundos posibles.

Se me ha fusionado la realidad con la fantasía, por eso a veces duermes conmigo y otras mi cama amanece vacía. Es difícil distraer al sueño con tu recuerdo, y engañar a la despedida para que se quede otro rato. Me distraigo creyendo que algún día las palabras me alcanzarán para tocarte de alguna forma, que te conmoverás con todo lo que nunca te he dicho.

Te escribo desde el alfeizar de la ventana, con pluma fuente y sin estilo gráfico. Te espero cada día con la misma esperanza de encontrarte en donde nunca te he buscado. A veces sólo espero una señal que le de sentido a todo este embrollo de metáforas mal-hechas , de maravillosas pesadillas en donde no hay nada que decirnos porque ya está todo escrito.

Te pienso y me pierdo en la iterativa realidad que aún no ha ocurrido, viviendo una vida en la que no existe el aire, cortándome los días con tu presencia, y difuminando los recuerdos de todo lo callado.

Como no te lo puedo decir: te lo escribo, sólo para que tengas presente que ya no importan las respuestas, pues la realidad más bella, sea cierta o no, sólo tú me la haz dado.

Los cajones de mi abuelo

•1 marzo, 2012 • Dejar un comentario

Una disculpa si este texto no le hace justicia al gran hombre en quien se inspira: Mi abuelo.

Hay un hombre que marcó mi vida desde el primer día en que lo conocí. Me enseñó a ser valiente y a temerle al miedo, me dijo que jamás se rinde aquél que está dispuesto a ganar una batalla, me enseñó a parcharme las heridas con gasas de orgullo, y a curarme los enojos con caricias dulces.

Me llenó los codos y rodillas de raspones y arañazos, me obligaba a arriesgar la vida en cada ida al parque o visita al campo, me entregaba a los brazos de mi abuela con la ropa desgarrada, los zapatos llenos de lodo y hecha un mar de lágrimas, pero siempre me incitaba a repetir la aventura aún con sus fatales consecuencias. Gracias a él aprendí a andar en patines después de caerme más de cinco veces con la amenaza de quedar paralítica de tantos centones, con el vértigo de estrellarme en cada poste que se me atravesaba y la manía masoquista de subirme a rampas empinadas para probar mi valentía. También fue él el que por convicción u obligación me enseñó a usar la bicicleta, me engañaba con trucos maquiavélicos para que me subiera a ella con la promesa de que él cuidaría mi equilibrio y a media avenida me soltaba y me dejaba caer en seco sobre el pavimento; mi abuelo y sus juegos rudos y tiranos me forjaron el carácter, y me hicieron perderle el miedo a la caída, pero sobre todo, su perseverancia me enseñó que el fracaso no existe.

Mi abuelo: ese ser mítico que todo lo sabe, mi diccionario personal, mi juglar de historias fantásticas. El fabricante de sonrisas, el mago de la papiroflexia, el catador de vinos. Mi abuelo es el guardián de los dulces, el ogro de los puentes, el dentista consagrado, el mensajero del banco, mi cómplice, mi amigo, mi vigilante, mi maestro, el poeta silencioso, el que habla con las fotos, el visitante anacoreta, la senectud perdida en el tiempo.

Mi abuelo es esa roca inquebrantable, es el olor a tabaco y brandy, es el libro nunca escrito, es el todólogo del pueblo, el seductor de balcones, es una víctima del insomnio, es la herencia en vida… es el olvido, es la ausencia.

Mi abuelo es en mi vida una gran influencia, con orgullo afirmo que gran parte de lo que soy se lo debo a él por ser mi inspiración, por llenarme la cabeza de ideas y motivarme a conocer más, por decirme que nada es imposible. Quizá él nunca llegue a saber lo que pienso sobre él pero en el fondo nunca le quedarán dudas de lo agradecida que estoy con él por todo lo que ha hecho, hace y hará por mí… Gracias abuelo por acordarte de mí, no importa en qué época vivas, porque en mi corazón eres un recuerdo atemporal siempre presente.

TE AMO.

 
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