Alcánzame en París.
A partir de ahora ya nada volverá a ser lo mismo, tienes derecho a estar enterado. Aún no se me olvidan todos nuestros errores y no voy a perdonar las promesas incumplidas. Ya no voy a esperarte porque tú no lo hiciste conmigo.
Voy a llegar tarde a todos nuestros encuentros para que veas lo poco que me importa el tiempo contigo, y a poner pretextos tontos mientras me besuqueo con otros.
Ya compré el boleto sin regreso, me pienso ir sin dinero para que me cueste trabajo volver al pasado.
No voy a pedir disculpas por mi abandono y jamás te verás obligado a complacerme de nuevo en mis caprichos sibaritas que te parecen “elevados”; al menos hubieras hecho un esfuerzo por apreciarlos porque a estas alturas ya deberías de saber que predico la dolce vita .
Entérate que de mí ya no obtendrás los chistes malos ni las ventajas que me ha dado el yoga durante el sexo. Que mis oraciones en otros idiomas ya no hablarán de amor ni de un “nosotros” y que te regreso todos los recuerdos enteros para que dispongas de ellos como mejor te parezca.
Te voy a dejar aquí, en buenas manos para que me olvides pronto. Quédate con tus buenos amores y tus viejos amigos, que tu familia te apoye y te cuide cuando estés enfermo. No me extrañes porque no prometo hacer lo mismo, y no esperes cartas o llamadas porque ya no será mi estilo.
Pero si a pesar del daño y del dolor que te inflijo con mi despedida aún tienes ganas de quedarte a ver qué pasa, de descubrir lo inexistente, darle una oportunidad a la locura y si te llegas a aburrir de tu estabilidad rutinaria…
Alcánzame en París, debajo de la torre Eiffel, o rezando en Notre Dame… y si te sientes un poco más dispuesto, nos vemos en algún restaurante de la riviera francesa, con el mar como testigo… y nos robaremos los besos, pero el corazón ya no tiene regreso.


