Bisous (et coeurs) volés

•2 junio, 2013 • Dejar un comentario

Alcánzame en París.

A partir de ahora ya nada volverá a ser lo mismo, tienes derecho a estar enterado. Aún no se me olvidan todos nuestros errores y no voy a perdonar las promesas incumplidas. Ya no voy a esperarte porque tú no lo hiciste conmigo.
Voy a llegar tarde a todos nuestros encuentros para que veas lo poco que me importa el tiempo contigo, y a poner pretextos tontos mientras me besuqueo con otros.
Ya compré el boleto sin regreso, me pienso ir sin dinero para que me cueste trabajo volver al pasado.
No voy a pedir disculpas por mi abandono y jamás te verás obligado a complacerme de nuevo en mis caprichos sibaritas que te parecen “elevados”; al menos hubieras hecho un esfuerzo por apreciarlos porque a estas alturas ya deberías de saber que predico la dolce vita .
Entérate que de mí ya no obtendrás los chistes malos ni las ventajas que me ha dado el yoga durante el sexo. Que mis oraciones en otros idiomas ya no hablarán de amor ni de un “nosotros” y que te regreso todos los recuerdos enteros para que dispongas de ellos como mejor te parezca.
Te voy a dejar aquí, en buenas manos para que me olvides pronto. Quédate con tus buenos amores y tus viejos amigos, que tu familia te apoye y te cuide cuando estés enfermo. No me extrañes porque no prometo hacer lo mismo, y no esperes cartas o llamadas porque ya no será mi estilo.
Pero si a pesar del daño y del dolor que te inflijo con mi despedida aún tienes ganas de quedarte a ver qué pasa, de descubrir lo inexistente, darle una oportunidad a la locura y si te llegas a aburrir de tu estabilidad rutinaria…
Alcánzame en París, debajo de la torre Eiffel, o rezando en Notre Dame… y si te sientes un poco más dispuesto, nos vemos en algún restaurante de la riviera francesa, con el mar como testigo… y nos robaremos los besos, pero el corazón ya no tiene regreso.

Era la persona equivocada

•22 abril, 2013 • Dejar un comentario

Quiero que sepas que, aunque quizá no me creas, yo te entiendo. Sí es cierto, tengo 21 años y muchas cosas no las comprendo, o no las he vivido. Tengo un ego grande como cualquier joven de mi edad pero he amado y sé que no se siente bien perder. Me desaparezco, no me gusta que estén detrás de mí. Soy como esos animales que cuando se sienten asechados se esconden o empiezan a gruñir para alejar el peligro.

Lo hago porque en parte no me da miedo la soledad, de hecho la acepto bastante bien y debo decir que me he acostumbrado a ella. Yo también tengo malos días y a veces me despierto con ganas de odiar el mundo, de salir corriendo, de mandar todo al carajo porque no sé hacia dónde va mi vida.

Existo, aburrida o fantástica existo. Tengo mucha incertidumbre a cerca del futuro y los sermones no tienen efecto en mí. No tengas miedo, perder la razón está bien, quiero que sepas que te envidio, que a veces me dan ganas de tener 30 años para sentir un poco de estabilidad y que tengo un plan de contingencia por si el fracaso toca a la puerta.

Escribo esto con un nudo en la garganta, no sé por qué, no tengo ganas de llorar pero siento que tienes que saber cosas que igual y no te interesan leer porque ya estás harto de mis malos modales y mis desapariciones temporales, de mis evasiones y actos de escapismo para evitar “dejarte entrar”.

¿Qué vamos a hacer con este desastre? si yo no existo ni tú tampoco entonces nada importa ¿verdad?… Voy a aprender de ti, a quejarme, a querer tener el control y arruinarlo todo, a pintar en el cuaderno de marquilla con acuarelas aunque todo escurra, a manejar de noche hacia mi casa preguntándome qué estarás haciendo y si piensas en mí y esperar que algún día respondas mis mensajes.  Voy a ponerme sentimental por nada y beber mucha cerveza para olvidarme de todo y después darme cuenta de que el egoísmo no me ha abandonado del todo. Voy a intentar amar una, dos o tres veces a chicos más jóvenes que yo para averiguar lo que se siente ilusionar y después cambiar de amante… así, hasta convencerme de que no soy capaz de amar porque sigo esperando por ti.

No me da igual, es que últimamente todo me da lo mismo, no sé dónde tengo la cabeza y dejar ir ya no me causa conflicto. Quizá no soy la persona correcta porque no soy la malabarista que esperabas para entretenerte, no me gusta comer en la calle y nunca he leído a Murakami, no soy constante y tengo un sueño loco sobre irme de misionera a África. Me interesas, pero no soy buena levantando ánimos ni dando charlas motivacionales. Sé feliz porque estar triste   y odiar a todos es una moda idiota y las personas torturadas dejaron de ser interesantes después del auge del romanticismo.

Espacios en blanco

•13 abril, 2013 • Dejar un comentario

Qué difícil es conocer totalmente a una persona. Uno nunca sabe lo que oculta detrás de sus palabras o sus acciones y rara vez uno conoce sus verdaderas intenciones. En ocasiones las personas otorgan cierta confianza a seres cercanos para que puedan ir “un poco más allá” y sepan pequeños detalles sin embargo esos detalles nunca son la totalidad de la persona.

No sé, me entristece saber que no conozco a nadie realmente y me entristece aún más saber que nadie me conoce a mí. Qué color me gusta, cuál es mi canción favorita, mis planes a futuro, los nombres que les voy a poner a mis hijos, lo que hago los domingos por la mañana… me entristece saber que a nadie le interesa saber esos detalles “insignificantes” pero que pueden decir mucho sobre una persona, sobre mí.

Me he puesto a pensar que la mayoría de las relaciones que tengo con la gente que considero cercana son tan superficiales que en el fondo somos completos desconocidos. Sólo nos vemos ocasionalmente y hacemos las mismas cosas, pero nunca hemos ido a museos juntos (ni siquiera sé si les gustan los museos), no sé el nombre de su autor favorito, no conozco su tipo de letra, casi nunca hablamos de nuestros problemas y si lo hacemos todo lo tomamos a juego. Qué feo, si no le puedes confiar las cosas que te preocupan a las personas que más quieres, entonces a quién.

¿Llegará la persona que me saque la verdad?… quién sabe, pero espero haya alguien lo suficientemente valiente como para saber de mí, conocerme.

Day by day

•5 abril, 2013 • Dejar un comentario

“Happiness is a choice, not a result. Nothing will make you happy until you choose to be happy. No person will make you happy unless you decide to be happy. Your happiness will not come to you. It can only come from you.”
- Ralph   Marston

Grandes cosas van a venir y estoy lista para recibirlas. Sé que no va a ser fácil, que  habrá días en que me querré dar por vencida, que habrá personas que quieran hacerme sentir mal pero al final de todo va a valer la pena. Hay que aprender que la motivación no se obtiene de afuera, sino de uno mismo, nadie lo va a hacer por ti, NADIE.

En el pasado tomé malas decisiones que tuvieron consecuencias y aunque en un principio culpé a otros y me enojé conmigo por lo que me había pasado, después comprendí que lo que me sucedió no fue más que una pequeña prueba para demostrarme de lo que soy capaz, para aprender a conocerme y valorarme más y aprender a reconocer a las personas que vale la pena tener en mi vida y a no volver a poner en riesgo mi salud por estupideces.

A pesar de todo sé que no me arrepiento de las malas decisiones que tomé ya que al final trajeron cosas buenas consigo. Quizá si no me hubiera enfermado no estaría en donde estoy ahora: más feliz, más fuerte, capaz de hacer cosas que hace dos meses jamás hubiera imaginado poder hacer.

Me siento feliz, me siento viva y agradezco cada día por esto, por las nuevas oportunidades que me está dando la vida para hacer de mí una mejor persona por fuera y por dentro.

Todo esto vale la pena, esforzarse vale la pena, conquistar metas vale la pena… aprendí que puedo más yo que la montaña. Aún no sé a cuánto estoy de logar mis objetivos pero sé que estoy a un día menos de lograrlo.

 

Aquí, en la región más transparente.

•10 marzo, 2013 • Dejar un comentario

Constrúyeme un cementerio de animales, como en esa película en la que lloré al final. Las pruebas de amor son mi fuerte.

Hace mucho que no escribo nada en mi diario, ya ni los encuentros casuales se ganan mención. Las fechas importantes las he olvidado: los cumpleaños, los aniversarios, no te sientas mal si me olvido de algo.  He estado enferma y nadie se ha enterado, tampoco voy a morirme pero tengo que ir al doctor con regularidad. Dejé de tomar, duermo más temprano y estoy de mejor humor. Me gustan los lunes y los jueves. Los sábados me despierto a las 7 de la mañana. Ya tengo tema de tesis y, si me apuro, en diciembre termino la carrera. No me conmueve ni me da lástima la pena ajena, y si alguien me dice “estoy triste” ya ni siquiera finjo interés. Me gusta mucho la voz de los niños chiquitos. Mi comida favorita son las espinacas. Descubrí que el jugo de naranja, limón y manzana es energético. No he terminado de leer el libro que empecé hace más de un mes. Conocí a Gabriel y a Alejandro. Me he llegado a organizar de tal manera que me da tiempo de hacer muchas cosas en un sólo día, es fantástico. Los martes son los días más productivos. La gente que me caía mal, me sigue cayendo mal. Odio la clase de Unión Europea. No he usado mi pluma fuente este semestre. Me le escabullí a la juerga. Pero la vida sigue a pesar de todo, ¿verdad? qué le vamos a hacer mano, ni modo, así pasa aquí, en la región más transparente.

Pero algo que no ha cambiado es que las pruebas de amor siguen siendo mi fuerte, y que no he perdido mi rara costumbre de escribir entradas con títulos que nada tienen que ver con el contenido. FIN.

Segunda persona

•7 febrero, 2013 • Dejar un comentario

Puedo describirte con tan solo pronunciar tu nombre pero no puedo encasillarte en un adjetivo. Traté de imaginar tu cara en otros rostros y de mimetizar tu cuerpo con la noche. Te perdí más de mil veces en un mismo instante y vine a encontrarte acostado del otro lado de la cama.

Te olvidé en un vagón del metro, dejé rastros de ti en el café vespertino. Hablé mal de ti con mis amigos y te defendí de aquellos que decían que no me convenías. Traté de pronunciar tus defectos en voz alta y sólo vine a convencerme de que yo tampoco soy perfecta.

Aprendí a tenerte lejos, a dormir quieta para no tocarte. Amarré a mi cintura tus ausencias y te entregué en silencio mi renuncia. Nos callamos los encuentros, las dudas, las inquietudes, los sentimientos ¿hasta cuándo?.

Puedo entregarte a otra persona, puedo mentirte y decir que no importa; puedo escribir en itálicas la frase “por siempre“, y al día siguiente no dirigirte la palabra. Puedo olvidarme de ti un rato e invocarte devotamente durante el insomnio.

De qué forma te demuestro que esto es verdadero o de qué forma me convenzo de todo lo contrario. Que nadie en el mundo sabe como yo que no vales la pena y, a pesar de eso, heme aquí escribiendo esto, así, con gerundio.

Dime que estoy perdiendo el tiempo. Que te he comprendido mejor que nadie y que te conozco lo suficiente como para deshacerte y construirte un millón de veces. Ven, lastímame, recházame, pero no me ates si no me quieres contigo.

Pretty mwanamke

•26 enero, 2013 • Dejar un comentario

Ojalá tuviera autoestima alta.

 
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